Mensual

Pasando por los escáneres

Tengo (tenía) una teoría: los escáneres de aeropuerto no le hacen nada a tus negativos. Está esa pequeña obsesión de que nos van a destrozar los carretes. He pasado por decenas de escáneres con carretes en la maleta y nunca ha pasado nada. Ay, hasta que decidí probar en los escáneres de Londres. Vi de reojo esas máquinas que parecen de resonancias pero estaba demasiado cansado como para pedir un manual check. Decidí dejarme llevar y probar suerte. Y la suerte no estuvo de mi lado.

Un grano raro apareció en todas las fotos. En las zonas oscuras es donde más se nota que algo raro pasa. Un poco como le pasa a Londres. Aún así, me encantan las fotos y he descubierto que el 28mm me encanta. Creo que no lo controlo todavía, es una focal un poco… rara. ¿Demasiado angular? Estoy en esa fase de enamoramiento en la que me encantan probar cosas aunque no me hagan bien.

Un poco como lo de pasar los carretes por los escáneres.

Lo de cerca

Salgo de casa corriendo. Vuelvo a entrar porque me he dejado algo. Vuelvo a salir, cierro con llave. Voy pensando en todo lo que tengo que hacer esta semana. Que mañana ya trabajo, que cuántos mails por leer tendré... Me cruzo a una vecina al salir del ascensor, me saluda efusiva:

- ¡Feliz año!

- ¡Uy, Igualmente!

Ni me acordaba que es 1 de enero. Solo unas horas desde el ritual de las uvas, el brindis, los besos… Check, a otra cosa. Le doy vueltas mientras paseo, ni propósitos de año nuevo, ni deseos, ni peticiones, “que sea un año tranquilo”. Quizá eso empieza por no estar pensando en lo que viene. Mindfulness, vivir el momento, la teoría la conozco. Observar la realidad, centrarse en lo de cerca. Lo intentaremos, un año más.

Vuelvo a casa, me cruzo con mis vecinos del quinto que salen del ascensor corriendo, les saludo efusiva:

- ¡Feliz año!

- Es verdad, feliz año, ni nos acordábamos que es 1 de enero.

Esa manía que tiene la vida

Es un calco. De repente lo entiendo.

Miro la mancha de humedad en la pared del metro y veo la misma silueta que dejó el té sobre el mármol esta mañana. Una caricia visual. Me recorre un pulso distinto, como una tregua. El mundo no es tan caótico como nos imaginamos; a veces se copia a sí mismo para cuidarnos.

Es un guiño secreto, algo que solo ocurre si te quedas quieto un segundo. La misma geometría en el tejido de mi bufanda y en la rejilla de ventilación que suelta aire caliente en la calle. Me parto con esta manía de las cosas de querer encontrarse. El mundo repitiéndose para no tener que inventar nada nuevo. Como si todo fuera una copia de seguridad mal hecha. Qué cachonda esta manía de las cosas de querer parecerse entre ellas.

Las amigas del alma están destinadas a encontrarse

Escribo esto desde un lugar suspendido, un espacio donde las cosas se han ralentizado y esperan a que una gata deje de respirar. Mei y yo nos conocimos el 7 de septiembre de 2012, cuando mi amiga Lorena la trajo a mi casa después de haberla encontrado abandonada en una urbanización de Guadalajara. Yo acababa de independizarme y entendí que era el momento para acoger al animal que había querido tener cerca desde que era una niña. La primera mitad de 2012 fue oscuro y melancólico y la llegada de Mei dio aire y luz a una habitación llena de fantasmas. Estábamos tristes y nos sentíamos abandonadas, pero estábamos juntas. Y el vínculo creció fuerte y sin esfuerzo, como si ya nos conociéramos de antes, como si supiéramos querernos desde siempre.

Podría intentar hacer memoria y contaros qué fue de nosotras desde el otoño de 2012 hasta hoy, pero son muchos años y casi todo está borroso, parece que han sido muchas vidas en una y no tengo ni tiempo ni hueco para escribir aquí todo lo que pasó. Sí puedo deciros que Mei estuvo a mi lado cuando en 2015 nos mudamos a una casa nueva, cuando conocí a Jose en 2016 y cuando adoptamos a Elliott dos años más tarde. Puedo contaros que hace un mes empecé a ver a Mei distinta, la llevé al médico unas cuantas veces y aunque parecía que todo estaba bien yo sabía que algo estaba cambiando. También puedo explicaros que hace una semana le diagnosticaron una enfermedad terminal y que ahora estoy esperando a que me dé señales claras de que está preparada para marcharse.

Mientras tecleo, me muerdo todas las uñas y observo a Mei en la distancia, que dormita tranquila en un sillón. Me pregunto qué será de mí cuando no esté, si el vacío inmenso que va a dejar dejará de doler algún día y si se acordará de buscarme en nuestras próximas vidas. Pido al universo que por favor nos enseñe el camino para que volvamos la una a la otra, aunque no tengo demasiadas dudas, porque, al fin y al cabo, las amigas del alma están destinadas a encontrarse.

Before fucking sunrise

Texto bastante inconexo sobre el motivo por el cual Linklater me ha arruinado la vida

La verdad es que ya no te pienso, pero si lo hiciera me entraría la risa por todo esto que nunca te atreverías a imaginar y que yo - sin prisa, sin pena- ya he vivido sólo de pensarlas. Si te soy sincera la verdad es que me he pasado la vida pensando en el amor como si fueran escenas de una película del festival de Sundance.

Al final te perdiste una noche rara…Ni mágica ni fotogénica, pero suficiente como para quedarse en la memoria. Sé que esto no es Viena, ni París ni siquiera el Peloponeso y mucho menos una peli del maldito Linklater, pero te juro que aquella noche yo pensaba que sí. La cuidad oliendo a sudor y meado y una expectativa emocional creada en base a conversaciones lentas y canciones indie.

Me pensaba que era amor, pero era cine de autor.

[Y, si algún día me ves, y se te encoge el pecho, no hace falta que digas nada, sólo admite, aunque sea bajito, que quizás sí era yo.]

Un verano normal

Si, hace un año que no publicamos. Sí, la vida nos come.

Tenía escrito un post hablando de que ya no hago tantas fotos, que vivimos saturados de imágenes, que nuestras retinas pasan por encima de otro post más como si fuese la nada… Lo he borrado.

Es verano, acabo de revelar dos carretes. He pasado unas vacaciones tranquilas y creo que mis fotos también son tranquilas. Ahora se le llama “slow life”. En realidad debería ser “regular life”.

Fantasmas creativos

Cuando quiero activar la creatividad me viene bien hacer una lista de las cosas que más me gustan y empezar a tirar de los hilos invisibles que salen para ver a dónde me llevan. Después ya meto la fotografía, la escritura, el collage o lo que me dé la gana para empezar a bajar a tierra lo que sea que me esté pasando por la cabeza.

Este está siendo un verano de introspección, de naturaleza, de castillos y, sobre todo, de fantasmas. A mí los fantasmas siempre me han gustado, desde que era pequeña; cuando pienso en ellos o cuando alguien me cuenta una buena historia de espíritus me entra una emoción máxima mezclada con un miedo aterrador y es una sensación extrañamente placentera.

Así que para hacer este post, tiro de los fantasmas, de los que me han estado rodeando últimamente, de los que me persiguen desde hace años, de los que aparecen un ratito y nunca más se dejan ver y de aquellos que deciden que mi salón en un buen sitio para vivir. Señoras nonagenarias que flotan en mi casa porque se encariñan de mis gatos y les gusta mi cepillo de dientes eléctrico, por favor, márchense a Escocia, que allí la temperatura es mejor y tienen multitud de muertitos vivientes que les harán buena compañía.

Hábitos reconstruídos

Me he dado cuenta que cuando mejor escribo, es cuando paseo. Lo malo es que nunca llevo una libreta encima, así que cuando llego a casa, ya no me acuerdo. Debería hacer caso a los consejos y empezar a usar la grabadora del teléfono. Nunca lo hago porque me da miedo que la gente piense que hablo sólo. Pienso esto mientras me cruzo con una persona hablando por sus airpods.

Llevaba meses sin sentarme en el ordenador en silencio a escribir. Normalmente siempre hay ruido: o la TV, o un podcast, o un directo de Twitch. Que siempre parezca que hay más gente en la casa. Consumir como hábito. Justo lo contrario que esto, un hábito que ya no hago.

¿Y sabéis otra cosa que ya no hago? Salir a hacer fotos. ¿La cámara? Con ella a todas partes. Mi cuello ya ha dado cuenta y se queja a menudo. ¿Usarla? Más bien es un complemento.

Parece que no tiene nada que ver, pero Chantal ha sacado un libro. El libro. Es tan personal, es tan lo que debería ser la fotografía, que el golpe me ha hecho reaccionar. Sergio, ¿a qué has dedicado este año?

He vuelto a revelar. He perdido un carrete por abusar del revelador. He aceptado la pérdida como parte del proceso. He salido a hacer fotos sin pretensiones, sólo por el placer de salir. He vuelto a hacer fotos de todo. Todas son un poco personales. No creo que den para libro, pero hay que empezar por algún lado: reconstruyendo el hábito.

Sueños para el autoconocimiento

Me niego a hablar del invierno cuando la última vez que escribimos aquí hacía calor porque estábamos en agosto. Así que decido escribir sobre los sueños, que es un tema que me tiene en vilo porque me parece algo mágico y muchas veces inexplicable.

Últimamente sueño cosas extrañas y, cuando me despierto, apunto en un cuaderno los detalles de los que me acuerdo para ver qué es lo que me quiere decir mi cerebro. Hoy he soñado con una mujer que llevaba un collar de peces rojos, con una familia de jirafas y con la sabana africana. He soñado con gatos que saltaban sobre los tejados, con dientes desperdigados por el suelo y con un libro de conjuros. Hoy he soñado con viajes a lugares lejanos y con un mensaje escrito en un idioma que no sabría identificar.

¿Cómo puedo soñar con todas estas cosas en una sola noche? Supongo que hay algo latente en lo más profundo de mi cabeza que lucha por salir a la superficie.

La desilusión hecha contenido

Compré un carrete muy caducado. Caducadísimo en 2007. Ya había disparado carretes de esa época y siempre me había encantado el resultado, así que por qué no probar uno de esos Agfacolor. Sólo había que dispararlo a ISO50.

Total, la vida está para experimentar. Llévatelo de vacaciones a un sitio que ya conoces. Y si no sale, tampoco te pierdes nada. Aggg, malditos pensamientos.

24 fotos después, me había hecho hasta ilusiones pensando lo que había encontrado por el camino. No me acordaba de lo pocho que podía estar. Y lo estaba.

¿Qué hacer con esa desilución? Pues lo que hace hoy en día todo el mundo: “crear contenido”.

PD: No compré uno sino dos y ahora no sé que hacer con el segundo.