Salgo de casa corriendo. Vuelvo a entrar porque me he dejado algo. Vuelvo a salir, cierro con llave. Voy pensando en todo lo que tengo que hacer esta semana. Que mañana ya trabajo, que cuántos mails por leer tendré... Me cruzo a una vecina al salir del ascensor, me saluda efusiva:
- ¡Feliz año!
- ¡Uy, Igualmente!
Ni me acordaba que es 1 de enero. Solo unas horas desde el ritual de las uvas, el brindis, los besos… Check, a otra cosa. Le doy vueltas mientras paseo, ni propósitos de año nuevo, ni deseos, ni peticiones, “que sea un año tranquilo”. Quizá eso empieza por no estar pensando en lo que viene. Mindfulness, vivir el momento, la teoría la conozco. Observar la realidad, centrarse en lo de cerca. Lo intentaremos, un año más.
Vuelvo a casa, me cruzo con mis vecinos del quinto que salen del ascensor corriendo, les saludo efusiva:
- ¡Feliz año!
- Es verdad, feliz año, ni nos acordábamos que es 1 de enero.
