Número 52

Pasando por los escáneres

Tengo (tenía) una teoría: los escáneres de aeropuerto no le hacen nada a tus negativos. Está esa pequeña obsesión de que nos van a destrozar los carretes. He pasado por decenas de escáneres con carretes en la maleta y nunca ha pasado nada. Ay, hasta que decidí probar en los escáneres de Londres. Vi de reojo esas máquinas que parecen de resonancias pero estaba demasiado cansado como para pedir un manual check. Decidí dejarme llevar y probar suerte. Y la suerte no estuvo de mi lado.

Un grano raro apareció en todas las fotos. En las zonas oscuras es donde más se nota que algo raro pasa. Un poco como le pasa a Londres. Aún así, me encantan las fotos y he descubierto que el 28mm me encanta. Creo que no lo controlo todavía, es una focal un poco… rara. ¿Demasiado angular? Estoy en esa fase de enamoramiento en la que me encantan probar cosas aunque no me hagan bien.

Un poco como lo de pasar los carretes por los escáneres.

Lo de cerca

Salgo de casa corriendo. Vuelvo a entrar porque me he dejado algo. Vuelvo a salir, cierro con llave. Voy pensando en todo lo que tengo que hacer esta semana. Que mañana ya trabajo, que cuántos mails por leer tendré... Me cruzo a una vecina al salir del ascensor, me saluda efusiva:

- ¡Feliz año!

- ¡Uy, Igualmente!

Ni me acordaba que es 1 de enero. Solo unas horas desde el ritual de las uvas, el brindis, los besos… Check, a otra cosa. Le doy vueltas mientras paseo, ni propósitos de año nuevo, ni deseos, ni peticiones, “que sea un año tranquilo”. Quizá eso empieza por no estar pensando en lo que viene. Mindfulness, vivir el momento, la teoría la conozco. Observar la realidad, centrarse en lo de cerca. Lo intentaremos, un año más.

Vuelvo a casa, me cruzo con mis vecinos del quinto que salen del ascensor corriendo, les saludo efusiva:

- ¡Feliz año!

- Es verdad, feliz año, ni nos acordábamos que es 1 de enero.

Esa manía que tiene la vida

Es un calco. De repente lo entiendo.

Miro la mancha de humedad en la pared del metro y veo la misma silueta que dejó el té sobre el mármol esta mañana. Una caricia visual. Me recorre un pulso distinto, como una tregua. El mundo no es tan caótico como nos imaginamos; a veces se copia a sí mismo para cuidarnos.

Es un guiño secreto, algo que solo ocurre si te quedas quieto un segundo. La misma geometría en el tejido de mi bufanda y en la rejilla de ventilación que suelta aire caliente en la calle. Me parto con esta manía de las cosas de querer encontrarse. El mundo repitiéndose para no tener que inventar nada nuevo. Como si todo fuera una copia de seguridad mal hecha. Qué cachonda esta manía de las cosas de querer parecerse entre ellas.

Las amigas del alma están destinadas a encontrarse

Escribo esto desde un lugar suspendido, un espacio donde las cosas se han ralentizado y esperan a que una gata deje de respirar. Mei y yo nos conocimos el 7 de septiembre de 2012, cuando mi amiga Lorena la trajo a mi casa después de haberla encontrado abandonada en una urbanización de Guadalajara. Yo acababa de independizarme y entendí que era el momento para acoger al animal que había querido tener cerca desde que era una niña. La primera mitad de 2012 fue oscuro y melancólico y la llegada de Mei dio aire y luz a una habitación llena de fantasmas. Estábamos tristes y nos sentíamos abandonadas, pero estábamos juntas. Y el vínculo creció fuerte y sin esfuerzo, como si ya nos conociéramos de antes, como si supiéramos querernos desde siempre.

Podría intentar hacer memoria y contaros qué fue de nosotras desde el otoño de 2012 hasta hoy, pero son muchos años y casi todo está borroso, parece que han sido muchas vidas en una y no tengo ni tiempo ni hueco para escribir aquí todo lo que pasó. Sí puedo deciros que Mei estuvo a mi lado cuando en 2015 nos mudamos a una casa nueva, cuando conocí a Jose en 2016 y cuando adoptamos a Elliott dos años más tarde. Puedo contaros que hace un mes empecé a ver a Mei distinta, la llevé al médico unas cuantas veces y aunque parecía que todo estaba bien yo sabía que algo estaba cambiando. También puedo explicaros que hace una semana le diagnosticaron una enfermedad terminal y que ahora estoy esperando a que me dé señales claras de que está preparada para marcharse.

Mientras tecleo, me muerdo todas las uñas y observo a Mei en la distancia, que dormita tranquila en un sillón. Me pregunto qué será de mi vida cuando no esté, si el vacío inmenso que va a dejar dejará de doler algún día y si se acordará de buscarme en nuestras próximas vidas. Pido al universo que por favor nos enseñe el camino para que algún día volvamos la una a la otra, aunque no tengo demasiadas dudas, porque, al fin y al cabo, las amigas del alma están destinadas a encontrarse.

Before fucking sunrise

Texto bastante inconexo sobre el motivo por el cual Linklater me ha arruinado la vida

La verdad es que ya no te pienso, pero si lo hiciera me entraría la risa por todo esto que nunca te atreverías a imaginar y que yo - sin prisa, sin pena- ya he vivido sólo de pensarlas. Si te soy sincera la verdad es que me he pasado la vida pensando en el amor como si fueran escenas de una película del festival de Sundance.

Al final te perdiste una noche rara…Ni mágica ni fotogénica, pero suficiente como para quedarse en la memoria. Sé que esto no es Viena, ni París ni siquiera el Peloponeso y mucho menos una peli del maldito Linklater, pero te juro que aquella noche yo pensaba que sí. La cuidad oliendo a sudor y meado y una expectativa emocional creada en base a conversaciones lentas y canciones indie.

Me pensaba que era amor, pero era cine de autor.

[Y, si algún día me ves, y se te encoge el pecho, no hace falta que digas nada, sólo admite, aunque sea bajito, que quizás sí era yo.]