Mensual

¿Son los museos divertidos?

Creo que he desarrollado un super poder. Soy capaz de pasármelo bien hasta en el sitio más aburrido del mundo. Porque creo sinceramente que si alguien se ha molestado en construirlo, algo ha visto esa persona y seguramente soy yo el que no lo está entendiendo. A veces lo entiendes, y sí, efectivamente el resultado ha quedado algo aburrido pero el proceso… ah, el proceso. Sólo por eso ya ha merecido la pena.

Si preguntas, la mayoría de la gente te dirá que los museos son de los sitios más aburridos que existen. Pero estoy convencido de que la gente no los mira con los ojos que deben. En todos he encontrado al menos una cosa que me ha sorprendido. Sólo por eso ya ha merecido la pena explorarlo.

¿Me admites un consejo? Habla con esa voz que te acompaña y negocia un rato sin prejuicios en un museo. Paséate y párate frente a algo que te llame la atención a ti. No tiene porque ser las piezas más famosas del museo. ¿Qué es? ¿Cómo está construido? ¿Por qué alguien considera que es importante que es esté ahí? ¿Lo hubieras puesto tú ahí? Si no, ¿qué habrías puesto o cómo lo habrías hecho?

Si tras un rato no has aprendido nada y no has disfrutado ni un poquito, vale, te dejo ir al bar de frente. Yo me quedo un ratito más pensando si este urinario que tengo delante es arte.

La mayoría de estas fotos son del Museo de la Ciencia y el Cosmos de La Laguna, en Tenerife.

El flash que no saltó

Disparar en analógico nos vuelve a la vez adictos y tolerantes al fallo. Los errores hacen que ese carrete sea más especial que si lo hubieras hecho como lo tenías pensado. No sé, me parece una bonita manera de vivir el arte.

Gracias Joana.

Temblores y trepidaciones

He dudado mucho sobre qué escribir hoy aquí. De hecho, esta es la cuarta vez que empiezo una frase de inicio. Mi idea era escribir una historia inventada, que es algo a lo que recurro mucho porque me da libertad para vivir cosas que nunca han pasado. Pero me he dado cuenta de que hoy tengo la imaginación bajo mínimos. Hay circunstancias que me mantienen pegada a esta silla rosa y hoy no puedo escapar del presente ni de la realidad. Por eso he elegido enseñaros estas fotos; como no puedo huir de lo real a través de las palabras, lo hago a través de imágenes temblorosas y trepidadas. Las hice un día en las que todo pasó como si fuera un sueño, un día que no sé si fue verdad o no. Un día de botellas de vino vacías, de carretes por terminar, de visitas a un museo con los ojos medio cerrados. Un día extraño, que son los días que más me gustan a mí.

De visita a la Pradera

Estábamos agotados y no nos apetecía salir, pero sólo imaginarnos a nuestra hija alucinando con el gentío de la Pradera de San Isidro nos hizo ponernos en marcha.

Aglomeraciones, paso lento, ruido, gente que no cae en la cuenta de que vas con un bebé, agobio y preocupaciones. Mar y yo nos mirábamos sin entender cómo se nos había pasado por la cabeza meternos en tal avispero castizo.

Encontramos un hueco entre la gente, y una pareja de hombres ganándose la vida haciendo pompas de jabón gigantes y rodeados de críos que saltaban intentando explotarlas. Nuestra hija empezó a gritar de júbilo hasta el punto de asustar al resto de niños. Con eso nos bastó para sentir que habíamos hecho bien en meternos entre tanta gente.

Al volver a casa, ya tranquilos, nos reíamos al mirarnos y coincidíamos: ¡lo que hace tener una hija!

En mi caso se mezclaba con el regusto de haber podido robar fotos tras demasiado tiempo sin hacerlo.

Carnage

Últimamente el tiempo va demasiado rápido. Gasto los carretes demasiado lento. No me siento a pensar ni a escribir, casi no me paro a mirar las flores.

Hace unas semanas recogí en una bolsa las camelias que se pudrían en el suelo. Me las llevé a casa y les hice un homenaje.

He leído que las camelias no tienen perfume y no soportan el frío. Yo creo que todo encaja.

Piedras, murallas y otros caminos

Hoy no me encuentro bien, así que voy a escribir en desorden, porque así es como está mi cabeza. Elliott maúlla sin descanso. Pienso en fantasmas y en tiempos que quedaron atrás. Qué suerte tienen aquellos que nunca se sienten fuera de lugar. Que nunca piensan que hablan demasiado o que deberían hablar más. Tedio es una de mis palabras favoritas por cómo suena y porque en el tedio me sumerjo y en el tedio vivo. El otro día leí que en el espacio es imposible llorar. Me encantan los puentes viejos y los puntos de fuga y las líneas que te llevan a sitios insospechados. Me he puesto colibríes y serpientes en las orejas y me he sentido poderosa. He pintado un rayajo pensando en el verano de 2003 y una piedra con forma de calavera. He vuelto a cruzar despacio en rojo para ver si mi buena suerte sigue intacta. He pensado en lo desagradecida que he sido conmigo y ahora quiero pedirle perdón a mi cuerpo. He vuelto a soñar en blanco y negro y me he dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos.

Segundas oportunidades

Tras semanas de lluvia y frío,  Marisa admiraba por la ventana de su salón un cielo azul y limpio que hacía resplandecer el verdor de los árboles y la hierba. Las temperaturas habían subido de un día para otro de tal manera que, si ayer llevaba jersey de cuello vuelto, hoy podía estar en camiseta de manga corta.

Parece mentira lo frágil e ingrata que es la memoria, pensaba. Habían bastado esos largos días de cielos grises y amenazadores para hacerla olvidar el incipiente equilibrio que llevaba manteniendo desde meses atrás. 

Todos los fantasmas que había conseguido amordazar en ese tiempo habían escapado y los sentía amarrados ahora a su cuello, dejándola afónica. 

 Sin voz, sólo le quedaba la palabra escrita para exorcizarlos. Se entregaba frenética a la escritura, como un músico a la improvisación más caótica. Creía que para echar a sus demonios tenía que dar más espacio a su propia voz. Como todavía no era capaz de distinguir la suya de las otras parásitas, optó por escribir todo aquello que se le pasara por la cabeza. Llegaba a tal punto que a veces ni escribía palabras legibles, sino garabatos, trazos y líneas. Confiaba en poder descifrarlas más adelante, cuando hubiera más silencio en su cabeza. 

 Marisa tenía muchos motivos para poder atormentarse: fracasos, errores, apuestas que no salieron bien, expectativas no cumplidas, promesas incumplidas, propósitos que no pasaron de ser una mera intención, fracasos (sí, ya lo he dicho, pero es que pesan mucho, por eso les da el doble de valor).

Sin embargo, estando sentada en su salón y mirando cómo un sol amable le calentaba la cara, se dijo a sí misma que la primavera estaba llegando y que, si la naturaleza era capaz de renovarse sistemáticamente cada año, ¿por qué ella no podría hacer lo mismo? Salió a su jardín y contempló a su alrededor. Días atrás había podado salvajemente varias de las arizónicas que tenía y ahora sus troncos desnudos, como muñones, le parecían una acertada metáfora de su momento vital. 

Cogió el coche y se fue a la ciudad. Paseando entre el paisaje urbano seguía admirando cómo los árboles y plantas empezaban a mostrar sus primeros brotes. Estuvo así durante horas. 

 La primavera es siempre una segunda oportunidad-pensaba, mientras trataba de retener el bienestar que le producía esa frase. 

 Continuó andando hasta situarse en un punto en el que el sol volviera a acariciarle la cara. Tomó una gran bocanada de aire y sentenció para sus adentros:

La primavera es un nuevo ciclo. La primavera es un nuevo comienzo. Sólo tengo que dejarme llevar por su oleaje. 

 Un desconocido le preguntó la hora. “Las tres menos diez” respondió amablemente.

 A los pocos pasos se percató: había recuperado la voz. 

Madriz

La voz que te acompaña

¿Habéis probado alguna vez a viajar solos? Habrá mucha gente que os diga que es aburrido, que para ir rápido, ve sólo, pero para llegar lejos, ve acompañado. Que ir solo es un fracaso.

Pero la realidad es que no vas solo. Hay una voz dentro que va contigo y te susurra dudas. Constantemente. Te dice no, que por qué. Será aburrido. Será raro. La gente te mirará. Menuda vergüenza pedir mesa para uno. No se calla, solo dejas de escucharla cuando hablas con otras personas. Lo sé, es ruidosa y está siempre ahí intentándose hacer notar. Por eso buscamos constantemente compañía.

¿Sabes qué? Lo mejor es que la hables. Que os conozcáis. Entiende qué es lo que le da miedo. Aprende lo que le gusta. Y, como pasa normalmente cuando conoces a alguien con el que no te llevas totalmente bien, resulta que no era tan mala persona. Seguramente sólo tenía un poco de miedo. Vais a tener que hablar mucho antes de caeros bien. Seguramente pasar muchos kilómetros de coche o de avión a solas. Pero es una conversación que merece la pena que tengas.

Es el copiloto que va contigo toda la vida. El que te anima a hacer cosas aunque den un poquito de miedo. El que antes te hablaba de miedo, ahora solo te habla de cuán excitante puede ser todo. De cuán bonito es coger una cámara por Tenerife y mirar donde nadie mira.