K. estaba de vacaciones desde hacía semanas. Las tareas que quedaron pendientes de su trabajo habían dejado de atormentarla días atrás. Estaba disfrutando de unos días de placidez en un pueblo costero retirado de circuito habitual del turismo.
Nada le inquietaba de manera especial.
Precisamente por ello, todavía en la cama, está extrañada tras despertarse de ese sueño tan raro que acaba de tener. Un sueño vívido y plagado de emociones que desde la vigilia se le hace difícil descifrar su significado. Ella, que nunca recuerda nada de lo que sueña, de repente se encuentra en tránsito entre la consciencia y esa realidad paralela que acaba de vivir en su cabeza.
Había una mujer ….. una mujer que en realidad era ella. Poseía un cuerpo ajeno - ahora que estaba despierta era capaz de darse cuenta - pero durante el sueño lo vivía como propio, como si llevara conviviendo con él desde su nacimiento. Sorprendentemente, nada había de alarmante en esta anomalía.
K. intenta en vano en recordar el rostro – su rostro- pero aparece desdibujado en su memoria.