Mensual

La tómbola del mundo

Se acabó la primavera de la verbena infinita, de la sensación de vértigo constante, la de la montaña rusa.
Pasó rápida, extraña y loca como un viaje en una atracción de feria.


Un carrusel de luces y sonidos estridentes, y dolor de cabeza el día después.


Como los billetes de bingo no premiados que se amontonan en el suelo, dejé muchas cosas por el camino.

En la tómbola del mundo, como decía Marisol, siempre vale más lo que se gana que lo que se pierde.

Off the grid

En el momento de escribir esto, llevo varios días dando señales de vida a mi familia con tarjetas de una hora de Internet que valen 1€. El sistema para desconectarlas a veces no funciona, por lo que básicamente cada mensaje nos cuesta 1€. En un símil con el resto del país: todo con mucho potencial pero está todo a medias. Bienvenido a Cuba.

_DSF8861.jpg

Es un país de ingenieros y médicos que prefieren vender souvenirs a turistas porque hace más dinero así que ejerciendo una profesión productiva para su país. Si esto no es la victoria del capitalismo, yo ya no sé lo que es.

He pasado una semana con una hora de Internet en total. Es curioso las cosas que no necesitas de verdad cuando no las tienes. 24 horas de vida online es una de ellas. Te hace dependiente. Te hace sentir abstemio cuando las pierdes. No necesitamos Twitter o Instagram, los likes o el feedback constante. Sólo necesitamos pasarnos de vez en cuando a decir hola a la gente que queremos. Porque todo el tiempo que pasamos mirando la pantalla, no lo pasamos mirando lo que tenemos alrededor.

Instrucciones contra la apatía


Supongo que siempre hay rachas. Las rachas buenas pasan como un relámpago, rápidas, llenas de luz y sin muchas ganas de quedarse. Las malas son pegajosas y pesan; pesan tanto que a veces no puedo deshacerme de ellas hasta mucho después de su llegada, cuando ya han conseguido desestabilizarlo todo. Al irse, dejan en el aire un rastro cargado de apatía y resentimiento, que puede medio borrarse de una manera simple: buscando un bosque en el que no haya gente y meterte en él, respirando muy hondo. Al salir, las plantas habrán hecho de las suyas y puede que volvamos a encontrarle sentido a todo esto.

Mi racha ahora me pide quedarme embobada mirando la luz que cae encima de las hojas e imaginarme el mundo en blanco y negro, porque así encaja mejor con esta melancolía que suele acompañarme.

IMG_3792.jpg
IMG_3798.jpg
IMG_3832.jpg
IMG_3840.jpg
IMG_3843.jpg
IMG_3859.jpg
IMG_3878.jpg
IMG_3889.jpg
IMG_3896.jpg

Maldición

Se rompió ese miércoles por la mañana. No lo vimos como un presagio, la mala suerte siempre nos ha acompañado. 

Lo dejamos ahí, roto, descompuesto. Mirarse en él era como verse el alma. Rota, pero aún servible.

Lo dejamos ahí durante meses y meses ¿y qué más da? Siete años no son nada, siempre estuvimos malditos.

¿Cómo aprender a mirar de nuevo?

En ocasiones lo figurativo nos distrae de lo importante. Tanta información abundante, tanto detalle preciso, tan claras las líneas y los contornos, hacen que nos quedemos con la primera respuesta que nuestros ojos ofrecen.

Es normal querer desgranar el misterio cotidiano que supone estar en el mundo. Ese mirar y apurar los objetos que nos encontramos en el día a día  hace incluso que la maravilla de lo efímero parezca una constante anodina.  La costumbre deriva en rutina, y así nos perdemos lo novedoso que cada instante ofrece escondido entre sus pliegues.

¿Cómo aprender a sostener la Pregunta sin responderla? ¿Nos vale con enmudecer para poder escuchar cómo se amplifica hasta que nuestra necesidad de explicar el mundo sea más fuerte que nuestra voluntad de admirarlo sin más?

 Lo figurativo te está distrayendo de la verdad. Aquello que ves te está alejando de lo que buscas.

 ¿Cómo aprender a mirar de nuevo?

 Cierra los ojos y corre contra el viento.

Perdidos en el espacio

Aterrizamos en un mar de nieve. 100.000 kilómetros cuadrados de nieve blanca y tierra negra.
La ventisca no permite ver al rededor. Cómo en un planeta con tres soles, pasamos del día a la noche y de la noche al día varias veces en cuestión de horas.
Cómo en un planeta inhóspito, astronautas en el frío, exploramos su extensión extrañados, anonadados, intrigados por saber qué nos encontraremos más allá.
Cómo en un planeta en el que una expedición anterior fracasó, dejando como testigo los restos de su nave.
Cómo en un planeta poblado de extrañas criaturas.
Cómo en un planeta en el que somos los únicos habitantes, nuestras huellas el único rastro en la nieve.
Cómo perdidos en este planeta, olvidamos la percepción de lo real, del tiempo y el espacio. Mayor Tom to Ground control, fin de la transmisión, no volveremos a casa.





Los viajes y el asombro

Viajar siempre es una posibilidad para ensanchar la capacidad de asombro. A veces hago el ejercicio de tratar de mirar mi barrio, recorrido hasta la saciedad, como si fuera un turista que lo pisa por primera vez. ¿Qué me sorprendería?, ¿qué fotos nuevas descubriría escondidas?, ¿cuánto me cautivarían los rincones que ahora mismo ignoro con automatismo cuando paso a su lado?

Hoy comparto fotos de un viaje a Italia en el verano de 2018. Roma, Florencia, Venecia. Ciudades en las que me parece imposible llegar a acostumbrarte a vivir en ellas y mirar a tu alrededor sin inmutarte.

Viajar te reconcilia con la vida, porque te recuerda el constante movimiento y transformación que ésta es. A veces tenemos la ilusión de que sólo existe pasado y futuro, y que el presente pasa a tu lado sin que te des cuenta. ¡Qué error tan paradógico!

Llevas viviendo toda tu vida con la misma conciencia de presente que tienes en este mismo instante…. Visto así: ¿dónde quedó el pasado y el futuro?

 ¡Que mi viaje por la vida sea un mirar perplejo!

Yo me quedaría aquí

IMG005.jpg
IMG009.jpg
IMG022.jpg
IMG034.jpg
IMG035.jpg

Chile verde, chicharrón, huevos divorciados. Mira a ese perro en la carretera. ¿Está muerto? Pobre perrito. Llueve, este chubasquero tiene los días contados. Mezcal en vez de sangre, aquí se está mejor que en Madrid. Lucha libre, ¡mátalo, cabrón! El que grita es un niño de unos seis años. Yo me quedaría aquí. Podría vivir en este lugar, esta podría ser mi casa. Un museo de fotografía en Oaxaca, se me encoge el estómago. He estado aquí antes. Sé que no, pero entiendo que he llegado a un sitio que tenía que conocer. San Juan Chamula y sus muertos. La muerte está en todas partes, pero no da miedo, todos saben que es parte de la vida. Y me pongo enferma, pero no me importa. ¿Te he dicho que yo me quedaría aquí?

IMG032.jpg
IMG060.jpg
IMG079.jpg
IMG108-2.jpg

¿Y ahora qué?

Como mirar a través del cristal traslúcido de una puerta, esperando encontrar un poco de claridad al otro lado. Pero no la había. Los días eran igual de largos, siempre lo son, aunque mucho más oscuros. Bienvenido al invierno en cuatro paredes.

¿Habéis sentido alguna vez que sólo queríais que pasara el tiempo? Encerrados en la rutina sin horizonte más allá del fin de semana. Ojalá primavera ya. Ojalá un poco de luz.

_DSF6888.jpg

Por suerte al final siempre llega. Con sus flores. Con su luz. Bien, ya la tienes. ¿Y ahora qué?

El silencio

_DSF5666-Edit-Edit.jpg