Mensual

Un equilibrio infundado

Me prometí que en febrero tocaba color, que basta de artículos deprimentes porque mi vida no es deprimente. Tengo un trabajo ambicioso. Tengo una familia que me quiere. Unos amigos maravillosos. Y aquí me encuentro escribiendo otro artículo en blanco y negro con otro texto un poco intenso.

Así que lo he tirado a la basura. Basta de artículos infelices. Hablemos de algo feliz. Hablemos de Aziza. Nos conocimos hace tres años cuando yo andaba en un proyecto de fotografía de baile por la calle. Me ofreció paciencia cuando no sabía lo que estaba haciendo. Me regaló grandes fotos en la Gran Vía y la Puerta de Alcalá. Es de esas personas que parece que saben mejor que tú donde están tu límites. 

Se fue a Barcelona hace dos años. Y volvió con una idea en la cabeza y un traje a medida en la mochila. Una idea que quería hacer conmigo. No sé cómo transmitiros el sentimiento de que una persona se mude, estéis meses o años sin veros y vuelva con un proyecto que quiere plasmar contigo y sólo contigo

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No sé como transmitiros el vértigo de darle a alguien una parte de ti y que siempre te devuelvan una parte suya aún mayor. Da vértigo porque siempre he vivido creyendo que la vida equilibra. Un equilibrio donde el balance está basado en tanto doy, tanto recibo.

Y resulta que no. Que es totalmente infundado. No existe ese equilibrio, porque todo lo que doy me vuelve siempre multiplicado con creces.

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Rojo

Quería deshacerme del frío, así que puse un carrete rojo.

Del color del incendio.

Del color de la granada.

De las revoluciones.

De los atascos.

Del cielo en las tardes que arden.

De las heridas.

De las cunetas en primavera.

De rojo se tiñe la nieve, de rojo el tren y las calles de Londres. El invierno es sólo una ilusión. El rojo es eterno.

El teorema de incompletitud

2 de febrero de 2018

He leído un texto de Hugh Mackay que se me ha metido en la cabeza. Ataca ese concepto tan nuestro de que el objetivo de la vida es perseguir la felicidad. Ese concepto es basura y nos hace daño. Lo que deberíamos estar persiguiendo es sentirnos completos. Y eso también incluye la tristeza, la decepción, la frustración y el fallo. Todo eso también es parte de nosotros. Sí, la victoria y la felicidad también, pero nos enseñan muy poco. Nos animan a olvidarnos rápido cuando sufrimos, y eso sólo nos hace que la siguiente vez que suframos no estemos preparados. 

18 de octubre de 2022

Escribí ese párrafo hace 4 años y medio. No me acuerdo exactamente cuando, pero me imagino que al salir de un curso de fotografía que nos cambió a Andrea y a mí. No he sido capaz de completar esta entrada hasta hoy. Reconozco que escribí la parte de perseguir la felicidad pensando en una persona, y la parte de (no) sentirnos completos pensando en mí.

16 de octubre de 2022

Sí. Hemos ido atrás en el tiempo. Hoy he parado en esta cafetería y no esperaba encontrarte allí. Después de 2 años sin vernos. En esa cafetería que está en frente del primer estudio que compartí con Miki. La vida es cíclica. De la sorpresa, no sentí nada al principio. Pero en mi cerebro sonó: por favor no, no quiero estar de vuelta en 2020.

13 de febrero de 2020

Más atrás en el tiempo, pero te prometo que tendrá sentido. Me acuerdo perfectamente del día que decidí que no quería hablar más contigo. Era el día que hice estas fotos. 3 semanas después estábamos confinados.

31 de agosto de 2022

Vuelta al 2022. Acabo de volver de la Palma. Fue el último viaje que hice antes de encerrarnos. Era el primer viaje que quería hacer después. Era mi manera de decirme a mí mismo que esa etapa estaba cerrada. Quería cerrar el círculo. Mientras recorría la misma exacta carretera, recordé ese momento 2 años antes en el que tomé esa decisión que os cuento más arriba. Qué poco has avanzado en 2 años, sentí. Aunque no era verdad. Fue la última vez que pensé en ello.

17 de octubre de 2022

De vuelta casi al presente. Te reconozco que hoy he dormido regular. En un intento de desahogo, cogí el whatsapp a primera hora y escribí “Miki, no te vas a creer a quién me he encontrado.” […]

“¿Y tú cómo estás? ¿Revuelto?” Maldito Miki. Revuelto es la palabra.

“No te preocupes, verás que pedazo de post en Vemödalen.” Y aquí estoy, dándole la razón. Espero.

18 de octubre 2022

No sabía cuándo escribí el primer párrafo que iba a terminar escribiendo esta historia en primera persona.

Qué poco has avanzado en 2 años. Hoy ha vuelto el pensamiento intrusivo. Pero no es verdad. He hablado conmigo mismo un rato y he llorado un poco mientras escribía esto, pero no me he sentido roto. Al contrario. Me he sentido liberado. Qué 2 años más duros eh, pero mira lo que hemos avanzando.

Hoy 18 de octubre, me he sentido por fin completo.

* Le pregunté a Midjourney qué era el teorema de incompletitud. Y generó la imagen que veis en la cabecera.

Lugares fotográficos

Nos pasará a todos supongo:  hay situaciones u objetos que, sin saber porqué, nos inquietan porque percibimos en ellos un mensaje directo para nosotros y no somos capaces de descifrarlo en su plenitud. Nos quedamos en ese salto incompleto que, sin poder llamarlo conocimiento, quizá podríamos dejarlo en “intuición”.  Es la sensación de reencontrarse con un viejísimo recuerdo y, de lejano que es, no saber ubicarlo ni reconocerlo… y sin embargo hay algo que te advierte de la verdad que para ti se esconde en eso.

Viene a ser como encontrar un mapa del tesoro en el que sólo reconoces partes del dibujo sin llegar a tener muy claro qué es.

En mis fotografías más personales hay determinadas temáticas que son recurrentes. No sabría muy bien detallarlas porque en realidad lo que se repite son determinados objetos o hechos que para mí esconden alguna verdad a punto de ser desvelada. Fotografiarlas es como desnudarlas en plena oscuridad… en realidad, las sigues sin ver pero, al menos, hay ese acercamiento en la penumbra.

Es como mirar de soslayo un escote incipiente (clarea el alba y sin embargo el sol todavía no se deja ver), o como cuando te pierdes en los pasillos de un supermercado buscando desesperadamente un producto y resulta que lo tienes delante. A veces tengo la sensación de que el mensaje oculto es tan evidente que se me escapa a la vista de tan cerca que lo tengo.

En realidad son los temas de siempre relacionándose, en este caso, a través de lo orgánico y efímero –la fruta, el cuerpo humano…– y lo inmutable, artificial, rígido e inerte –la mano de madera, el maniquí…–. Aparece también ese salto incompleto hacia el otro en la medida en que algún rostro no se puede identificar. Supongo que deben hacer alusión a arquetipos mentales, de esos que se esconden en lo profundo de la psique, y te hacen ir a ellos una y otra vez sin llegar a encontrar lo que buscas. Son lugares fotográficos que frecuentas como esos sueños repetitivos que pierden su sentido en cuanto despiertas.

El reto es sostener la pregunta sin intentar  responderla.

Quema entre las manos pero me deja en el pecho un sabor a honestidad que compensa.

Antes de finalizar quiero agradecer a Ana haberme acompañado desde hace años  en mis viajes a esos lugares fotográficos. Compartimos esa llave mágica que nos lleva a través del espejo.

Carta a mi futuro yo

¿Qué año tan jodido eh? Un cambio de trabajo y un alma rota. Lo sentimos, no se admiten devoluciones cuando es por desgaste de las piezas. Ha sido tan intenso que seguramente no recuerdes nada desde el 13 de febrero. Salvo la fecha, y somos una persona que siempre se olvida de las fechas, ¿eh?

Ha sido movido, de altibajos. De estar en la cima del mundo y al instante siguiente en la fosa más honda. Porque es lo que tienen las montañas rusas, son divertidas y te hacen vivir emociones. Pero las vives todas, hasta las que no quieres. 

Sí, qué momentos tan duros. Momentos en los que sólo éramos un montón de músculo y piel tirados en el suelo, dejando que las piezas se cayeran solas. Sí, las rotas. Por desgaste.

Pero y todo lo que hemos aprendido, ¿qué? Que sólo nos centramos en lo malo. Hemos aprendido a soltar lastre. A decir que no a personas que no nos valoran, a trabajos que no nos llenan. Si no te pone los pelos de punta, no lo hagas. Si no estás como loco por contárselo a alguien, no lo hagas. Si puedes dejar de pensar en ello, no lo hagas.

Si no estás dispuesto a enredarte, aún cuando no se ve que hay más allá de la maraña, no-lo-hagas.

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Esto no es un balance del año al uso. Es un recordatorio de que todos los años son algo jodidos, y todos los años son algo maravillosos. Te lo dejo por escrito para que, si dentro de un año estás en una cima, recuerdes que seguramente haya un pozo rondando cerca.

Te lo dejo por escrito para que recuerdes que después de cada pozo siempre hemos encontrado una cima.

PD: Gracias Irene por ser siempre que lo necesito mis músculos y mi piel.

No te lo vamos a explicar

Estas fotos son del año pasado, porque siempre voy con retraso, porque mi propósito del nuevo año es, año tras año, terminar lo del año pasado, puede ser por vaga o por alcohólica, qué sé yo, pero cada año abarco un poquito más y al final siempre sale.

Esto nació en casa de I, que siempre me da cerveza fría, aunque creo que ese día llevé yo mi tinto... ¿la pregunta...?, I y su '¿que harías si tuvieses mis manos?'...

Viki no llega, está currando, pero su fe está con nosotros, luego se viene a cenar.

Quiero la idea de I, pero me fuerza a sacar algo nuevo, que poco se agradece a día de hoy cuando alguien quiere que lo des todo de ti, creo que es la mejor virtud de un colega. Delante folio, lápiz y goma, no sé dibujar, pero las garabatos se suceden entre las risas, los cambios de tema y la música.

¿Y el mensaje? Yo no voy a explicarlo, esto es visual, que cada uno lo haga suyo como quiera, pero si lo haces tuyo, si te llena, si por un segundo te hicimos pensar, support your local artist, en este caso a mi queridísimo @doniwana cuya mente cada día me sorprende más, @victorialabis por siempre apuntarse a todo aunque haya que madrugar y luego ducharse con aguarrás y a mi maravillosa soci @eleva4k por abrirnos su local con los brazos abiertos y cuidarnos muchito.

Eternamente bendecida por tener tan cerca mentes tan libres y brillantes.

Si pillas alguna referencia te invitamos a chupitos.

Creditos:

Bodypaint: @doniwana

Model: @victorialabis

Localización: @eleva4k

Sueños

2018 llega para mí sin campanadas, en un país extranjero, porque ya se ha convertido en tradición huir en estas fechas.

Me encuentro en el avión de vuelta pensando que en solo unas horas volveré a sumergirme en la vorágine de la rutina diaria. Tengo una sensación extraña, me ocurre a veces, me parece que los días pasados han sido un sueño, los concibo como una nube de instantes desordenados.
La memoria es caprichosa, nos permite conservar imágenes claras y vívidas mientras otras las transforma en algo abstracto.

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Una de mis últimas series refleja algo similar a lo que experimento ahora. Un día en la montaña, la extraña belleza de la nieve, dos caballos blancos, tan blancos como la propia nieve, que aparecen en medio del bosque. El recuerdo de ese mágico acontecimiento ha quedado en mi memoria diluido como se diluyen las imágenes en los sueños, en una nebulosa blanca, tan blanca como la propia nieve.

Con las imágenes de ese sueño os deseo lo mejor para este año que empieza. Para mi misma, pido que esa vorágine de la rutina no me devore, y poder hacer menos lo que debo y más lo que quiero. Feliz 2018.

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Siempre hay un escalón menos

Creo que me gusta demasiado la frase tan conocida, que ni siquiera se de donde sale, 'en el sótano de tu fracaso siempre hay un escalón más', quizás sea porque esta época de mi vida no es como la esperaba y me veo constantemente bajando, o quizás mejor dicho resbalando por los escalones de mi fracaso, donde termino sentada examinando cada una de las grietas que hay en ellos y me hacen caer.

Pero el fracaso es bonito, en el ves todo lo que no quieres, incluso puedes deleitarte en él, en sus hondas, porque al final en mi fracaso no hay un suelo frío, siempre hay agua, agua helada que se te clava como mil agujas, que te envuelve intentando ahogarte, pero cuando lo aceptas descubres que en ese agua se puede respirar, comienzas a apreciarla porque el sufrimiento que te otorga duele menos si sabes que te purifica.

En el momento que se produce ese cambio de perspectiva, todo vuelve a su cauce, aprendes que la vida al final también es el ser capaz de caer, querer la caída porque forma parte de ti y te hará sobrevivir, porque el aprendizaje también es aquello que vivimos y sabemos que no queremos volver a vivir.

Y después de esta retahíla de pensamientos sin sentido, queda dar las gracias (que nunca son suficientes) a quien hizo estas fotos posibles, Sara Vela @sarawberry, gracias por seguirme en todas mis ideas y sobretodo por darme comida y risas cuando estoy en los escalones mas bajos.

Un salto inacabado

Al tratar de fotografiar en calle me pasa, más veces de las que quisiera, que miro y no veo.  Cuando cargas con la cámara camino de comprar el pan no supone mayor problema  - “otra vez será” . Cuando sales ex profeso para hacer fotos y no consigues ningún trofeo la cosa ya se pone un poco más dramática… es frustrante. En los momentos de lucidez trato de pensar que en cada rincón que mire hay una foto escondida esperándome. Algo así como el escultor que contempla el bloque a tallar y sabe que bajo la forma tosca de un madero o una roca hay una forma concreta y definida por desnudar. Así pues, cámara en mano y paciencia en mente, servidor acecha hasta que haya algo que se revele.

¿Qué pasa si bajamos un poco la intensidad de la luz? ¿qué ocurre si a lo cotidiano e irrelevante lo miramos con otro criterio de atención? ¿será capaz de mantener su disfraz de lo anodino e insulso?

Este verano, en un momento en que parecía que la sequía afectaba por igual a nuestro clima que a mi creatividad, traté de acercarme a los rincones del día a día con la idea de desmenuzar cualquier imagen insípida y convertirla en algo que no le dejara a uno indiferente. “Retratos --pensé- pararnos a mirar y prestar atención a otra persona es un perfecto antídoto contra la indiferencia”. Pero, ¿y si, además, a un retrato –a ese espacio de encuentro con Otro- le privas de aquello que más te facilita conectar? ¿y si a un retrato lo dejas mudo? ¿y si miras al otro … y no le encuentras? En mi caso siento que obtienes algo todavía mas estimulante precisamente por lo inacabado del proceso. Es el vértigo de cruzar un río de un salto y quedarte en suspensión a medio camino.

Borroso

Bernard Plossu dijo una vez que la fotografía puede ser borrosa, que no pasa nada, que el alma también puede ser borrosa a veces. 

Siempre me he sentido identificada con la filosofía de Plossu a la hora de fotografiar, él que se entiende a sí mismo como un escritor que va tomando notas de lo que ve, centrándose siempre en mirar, en guardar instantes, sin preocuparse demasiado por los aspectos técnicos.

Sin embargo, en estos tiempos de obsesión por la perfección en que vivimos no puedo evitar muchas veces caer yo misma en esa obsesión, en el exceso de control y la falta de espontaneidad que nos invaden día a día. Cuando empecé a experimentar con la fotografía analógica, hace ya bastantes años, carecía de ninguno de estos condicionamientos que he ido ganando con el tiempo y la experiencia. Jugaba, disparaba, sin saber muy bien qué era realmente lo que iba a conseguir. Me divertía ver el resultado, ya fueran fotos desenfocadas, desencuadradas, mal iluminadas… Todas tenían su magia

Me encontraba en Berlín hace unas semanas cuando un suceso aparentemente sin importancia me llevó a esta reflexión. En casa de unos amigos encontré una pequeña Fujica 35 coronando una pila de libros.

- ¿Funciona? 

- No lo sé, creo que tiene un carrete terminado dentro desde hace mil años, ni lo hemos sacado.

- ¿Puedo llevármela a pasear?

Cargué la cámara automática con un rollo en blanco y negro y salí a recorrer Berlín en un día muy frío y muy lluvioso. Poco a poco fui soltándome y recuperando esa sensación de fotografiar sin un fin concreto, sin saber siquiera si llegaría a ver algún día esas fotos, sin controlarlo todo, sin controlar absolutamente nada.

Hace unos días revelé con ilusión ese carrete en blanco y negro. El resultado me fascinó, me hizo reir, me devolvió emociones que había olvidado. Todas las fotos estaban desenfocadas. Ni una forma nítida. Todo era una deformación de las escenas que pretendí captar en esos momentos. Una deformación maravillosa que me hizo recordar que la fotografía no tiene que ser perfecta, que la fotografía tiene que hacer sentir, al que la mira y al que la hace. Y que la fotografía, como el alma también puede ser borrosa